
Kenneth Branagh: de Shakespeare y la Guerra Fría al poder del cine para acercar mundos
En la conversación con Cocalecas y Listín Diario, el actor británico encuentra incluso conexiones entre la comedia de acción junto a Ryan Reynolds, “Mayday”, y algunas de las preguntas que Shakespeare planteaba siglos atrás.
Kenneth Branagh conoce bien las historias sobre hombres separados por guerras, lealtades y conceptos de patriotismo. Mucho antes de convertirse en Poirot, entrar al universo de Christopher Nolan o dirigir una película de Marvel, una parte fundamental de su carrera estuvo ligada a Shakespeare y a personajes obligados a descubrir qué sucede cuando el enemigo deja de ser una idea abstracta y adquiere un rostro humano.
Esa experiencia encuentra un inesperado eco en “Mayday” (película domedia y acción de Apple TV), donde Branagh interpreta a Nikolai, un antiguo agente de la KGB cuya fascinación por Estados Unidos termina conectándolo con un hombre que, en teoría, debería representar todo aquello contra lo que fue educado.
En una conversación con Cocalecas y Listín Diario, Branagh encuentra incluso conexiones entre esta comedia de acción junto a Ryan Reynolds y algunas de las preguntas que Shakespeare planteaba siglos atrás.
En particular, una escena en la que Nikolai y Troy descubren que ambos crecieron escuchando versiones diferentes de una historia similar: para cada uno, el hombre situado al otro lado era el enemigo.
“Esta investigación sobre las maneras en que las personas pueden ser similares, incluso aquellas que superficialmente parecen muy diferentes, desconfiadas y escépticas entre sí, está presente también en Shakespeare”, explica Branagh.
La conversación inevitablemente conduce a Henry V, una obra que Branagh conoce particularmente bien y que llevó al cine en 1989. Allí también existe una tensión entre patriotismo, guerra y la necesidad de encontrar una salida cuando termina el enfrentamiento.
“Incluso en algo como Henry V, después de una campaña militar existe la necesidad de entender cómo puede alcanzarse la paz sin recurrir al sometimiento”, señala. “La cuestión de por qué las personas luchan definitivamente es shakespeariana. ¿Cuál es la necesidad de la guerra y cuáles son las dificultades de la paz?”.
Pero Branagh encuentra una conexión todavía más interesante con las comedias de Shakespeare. Para él, el humor puede convertirse en una herramienta para reducir la distancia entre personas que aparentemente pertenecen a mundos incompatibles.
“Muchas veces se trata de reconocer cómo el humor puede ayudarnos a comprender mejor”, explica. Branagh utiliza Much Ado About Nothing como ejemplo y recuerda a Beatrice y Benedick, dos personajes que inicialmente parecen representar posiciones completamente opuestas.
“No son Nikolai y Troy, pero Beatrice y Benedick parecen ser polos opuestos y, sin embargo, sus pasiones están alineadas. Tienen que encontrar una manera de entenderse, y eso implica a veces renunciar a algunas cosas y ser humildes”.
Esa seriedad detrás del humor también define la manera en que Branagh interpreta a Nikolai. Los directores y guionistas John Francis Daley y Jonathan Goldstein han destacado que parte de la comicidad del personaje funciona precisamente porque Branagh nunca parece indicarle al espectador que sabe que está participando en una broma. Nikolai se toma completamente en serio a sí mismo.
Para Branagh, esa decisión ya estaba presente en el guion.
“Creo que comienza en la página. Los dos guionistas y directores se tomaron al personaje absolutamente en serio, aunque lo llenaron de todo tipo de excentricidades”, explica. “Me pareció un personaje realmente inusual”.
La primera impresión que produce Nikolai puede conducir incluso hacia un territorio completamente diferente. El hombre excéntrico que vive aislado en los bosques podría pertenecer inicialmente a una película mucho más oscura. Poco a poco, sin embargo, Mayday revela nuevas capas: su pasado, su capacidad para ejercer una violencia extrema, la pérdida de su hija y la decisión de desaparecer de la vida que anteriormente conocía.
“Descubrimos un gran secreto, un secreto oscuro y violento. Después descubrimos también un corazón, que tiene que ver con su hija, con la pérdida de su hija y con su decisión de perderse a sí mismo, de exiliarse”, explica Branagh.
Para encontrar la humanidad de Nikolai, Branagh se aferró principalmente a dos elementos: el amor por su hija y su fascinación completamente sincera por la cultura estadounidense.
“Había una especie de inocencia. Era una vía de escape del aterrador mundo de pertenecer a la KGB: poder amar algo con tanto entusiasmo”, señala. La película nunca sacrifica esa humanidad para conseguir simplemente una carcajada. Incluso cuando Nikolai se encuentra en situaciones deliberadamente absurdas, Branagh intenta conservar la sinceridad del personaje.
Ese equilibrio resulta especialmente curioso dentro de su propia filmografía. Branagh ya había interpretado a personajes rusos en Jack Ryan: Shadow Recruit y Tenet, incluyendo figuras mucho más cercanas al estereotipo del poderoso y amenazante antagonista ruso. Cuando escuchó que nuevamente le proponían interpretar a un ruso, su primera reacción fue de preocupación.
“Cuando llegó a mí y escuché que era un ruso, antes incluso de leerlo, estaba preocupado”, reconoce. “Pensé que no quería quedar atrapado en eso”.
El guión rápidamente disipó sus dudas. Nikolai era demasiado específico y diferente de sus personajes anteriores. Incluso el acento tendría otra construcción porque se trataba de un ruso cuya forma de hablar había sido influenciada por su fascinación con Estados Unidos.
“A diferencia de Sator o del personaje de Jack Ryan, este ruso tenía sentido del humor sobre sí mismo, picardía y cierta travesura que convivían con su brutalidad”.
En cierto sentido, Branagh termina desmontando desde dentro el mismo arquetipo que anteriormente había interpretado. Nikolai conserva la capacidad de resultar peligroso, pero ahora esa violencia comparte espacio con una personalidad expansiva, divertida y casi infantilmente fascinada por todo aquello que representa Estados Unidos.
Su casa está llena de pistas. Top Gun, Bruce Springsteen, pósteres, música y referencias estadounidenses forman parte del mundo que Nikolai construyó sin haber experimentado directamente ese país. Conoció una versión de Estados Unidos a través del cine y la cultura popular mucho antes de poder confrontarla con la realidad.
Durante nuestra conversación le comenté a Branagh que había experimentado algo similar creciendo en República Dominicana. Antes de viajar a Estados Unidos, buena parte de mi percepción del país provenía precisamente de películas, música y televisión. La primera llegada a Nueva York significaba encontrarse finalmente con lugares que ya parecían familiares aunque nunca hubiera estado allí.
Branagh inmediatamente reconoció la sensación.
“La primera vez que fui, estaba en un automóvil acercándome a Nueva York y vi ese horizonte por primera vez. De alguna manera sentí que estaba regresando a casa, porque, como el resto del mundo, había visto tantas películas ambientadas en Nueva York, tantas películas con ese horizonte”.
Pero la familiaridad cinematográfica no elimina el impacto de encontrarse finalmente con el lugar verdadero.
“También hubo un enorme choque cultural al llegar”, recuerda. “Cuando llegas, te das cuenta de que existe una especie de hermoso truco que te han jugado”.
Para Branagh, el arte sí puede ofrecer una puerta hacia otra cultura, aunque esa representación nunca sea equivalente a vivirla. Lo importante es reconocer hasta qué punto esas imágenes han capturado nuestra imaginación.
En el caso de Nikolai, Top Gun representa perfectamente esa seducción. Branagh recuerda el impacto que la película tuvo durante los años ochenta: los aviones despegando, la velocidad, las persecuciones, la rivalidad entre sus protagonistas y el enorme componente romántico de sus imágenes.
“Era embriagador y muy diferente. Parecía increíblemente exótico”, recuerda.
Branagh nació en Belfast y posteriormente creció en Inglaterra. Desde esa perspectiva, el Hollywood de aquellas películas podía parecer extraordinariamente glamoroso. Esa experiencia personal le permitió comprender perfectamente aquello que Nikolai veía desde lejos.
“Definitivamente era algo que compartía con Nikolai: la atracción del sueño americano, hacia el cual todos somos atraídos a través de la cultura popular. Y si tenemos la suerte de llegar aquí, también tenemos que comprender que, de cierta manera, es una ficción”.
Esa reflexión adquiere otra dimensión porque Mayday está construida precisamente como una película que parece provenir de otra época. Su combinación de acción, comedia, estrellas y amistad masculina recuerda las grandes producciones populares que durante los años ochenta y noventa estaban diseñadas para ser experimentadas colectivamente en una sala.
Hoy, sin embargo, Mayday llega directamente a los hogares a través de Apple TV.
Branagh reconoce la paradoja. Una película de semejante escala podría parecer concebida para una pantalla cinematográfica, pero su experiencia con el streaming le ha mostrado otra dimensión del alcance que puede conseguir una producción de este tipo.
“He recibido una respuesta inmediata sobre esta película mayor que con cualquier cosa que haya hecho en muchísimo tiempo”, asegura. “Su alcance ha sido enorme desde el primer momento”.
Branagh continúa defendiendo la experiencia cinematográfica. Dice que va al cine con su esposa todas las semanas y que le gustaría que las películas siguieran encontrando al público en las salas. Pero tampoco ignora aquello que ha cambiado.
“También resulta bastante emocionante cuando encuentras algo que realmente quieres ver y funciona en casa”, señala. En el caso de Mayday, le ha sorprendido especialmente descubrir familias completas disfrutando juntas de la película, incluyendo padres e hijos de generaciones diferentes.
“Me han dicho: ‘Dios mío, pudimos verla todos juntos y a mi hijo de 13 años le encantó’. Parece atravesar generaciones”.
La tecnología doméstica también ha transformado radicalmente lo que significa ver una gran producción fuera de una sala. Pantallas más grandes, sistemas de sonido y la facilidad de reunir a una familia alrededor de una película han creado una nueva versión de aquella antigua salida al cine.
“Creo que cuando las personas encuentran algo que les gusta o que les interesa, se preparan para disfrutarlo de esa manera”, dice Branagh. “Se convierte en una especie de noche de cine en casa, especialmente cuando sienten que puede disfrutarse entre generaciones”.
Para alguien que lleva décadas alternando entre teatro, cine independiente, grandes producciones y algunos de los personajes más reconocibles de la literatura, la respuesta inmediata de una plataforma global todavía puede resultar sorprendente.
“Estoy acostumbrado a tener que trabajar mucho más para intentar conseguir que la gente vea las cosas que hago”, admite. “Así que estoy muy agradecido por esta experiencia de acceso inmediato a algo que es una gran y encantadora experiencia de entretenimiento popular”.
Quizás ahí se encuentre también una curiosa extensión de aquello que Mayday cuenta sobre Nikolai. Décadas atrás, un hombre podía construir toda una imagen de otro país mediante unas cuantas películas, canciones y pósteres que atravesaban fronteras. Branagh hizo algo parecido desde Belfast e Inglaterra.. Nikolai lo hace desde una versión cinematográfica de la Unión Soviética.
Las pantallas han cambiado y las distancias prácticamente han desaparecido, pero el mecanismo continúa siendo reconocible. El cine sigue permitiéndonos imaginar lugares que todavía no conocemos y personas que inicialmente creemos diferentes a nosotros. Para Branagh, desde Shakespeare hasta una comedia de acción como Mayday, la pregunta que permanece detrás de esas historias es sorprendentemente similar: qué ocurre cuando dejamos de mirar al otro como enemigo y comenzamos a reconocer todo aquello que tenemos en común.

