La jugada política de Donald Trump

La jugada política de Donald Trump

Luis Ruiz


Siempre se ha debatido si lo político determina lo económico o si ocurre a la inversa. En el caso de Estados Unidos, ambas dimensiones suelen entrelazarse de forma estratégica. Desde el inicio de su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump ha mostrado un interés marcado en influir sobre la política monetaria, particularmente en la orientación de la Reserva Federal, con el objetivo de reducir las tasas de interés.

La razón es clara: las altas tasas afectan directamente el costo del servicio de la deuda pública, respaldada por bonos soberanos del gobierno federal, cuyos rendimientos han superado el 5 % anual en los últimos años

Actualmente, la deuda total de Estados Unidos asciende a unos 38 billones de dólares, cifra que incluye toda la deuda emitida por el gobierno federal, tanto la que está en manos de inversionistas privados, gobiernos extranjeros y bancos, como la deuda intragubernamental. Según indicadores financieros, el gasto total en intereses al cierre del año fiscal 2025 rondó los 1,22 billones de dólares, convirtiéndose en una de las mayores partidas del presupuesto federal.

Este entorno de tasas elevadas también se refleja en el mercado inmobiliario. Las tasas hipotecarias fijas a 30 años se sitúan alrededor del 6,06 % – 6,18 % a enero de 2026, niveles que, aunque inferiores a los picos de 2023–2024, siguen siendo altos en comparación con la década anterior.

En este contexto, Trump habría impulsado una maniobra política y económica orientada a presionar por una reducción acelerada de las tasas: la compra masiva de bonos hipotecarios por cientos de miles de millones de dólares, con el propósito de inyectar liquidez, reducir el rendimiento de estos instrumentos y forzar a la baja las tasas hipotecarias. El objetivo inmediato sería aliviar a los propietarios de viviendas hipotecadas, estimular la refinanciación y reactivar el sector de la construcción, uno de los grandes motores de empleo y crecimiento interno.

Trump aspira a que las tasas hipotecarias desciendan hacia el 3 %, un nivel que tendría un fuerte impacto psicológico y económico en los hogares estadounidenses. Si lograra acercarse a ese objetivo, su imagen pública y su popularidad política mejorarían considerablemente, al presentarse como el presidente que redujo el costo de la vivienda y alivió la carga financiera de millones de familias.

Sin embargo, si la reducción sustancial de las tasas de interés no se materializa, el efecto político podría ser el contrario. El peso del servicio de la deuda seguiría drenando recursos fiscales, el mercado hipotecario permanecería restringido y el sector construcción no despegaría con la fuerza esperada.

En ese escenario, la narrativa del alivio económico se debilitaría, la frustración social aumentaría y la apuesta política de Trump quedaría expuesta como una maniobra de alto riesgo, con consecuencias directas sobre la estabilidad financiera y su capital político.

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