
Nueva torre para el volibol dominicano: Se llama Moisés Ortiz y mide 7’2”
Se llama Moisés Ortiz, mide 7 pies 2 pulgadas y piensa integrarse a la selección del país de cara a los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Dada su imponente estatura, todo parecía apuntar hacia el aro o el diamante, pero él decidió mirar hacia la red.
Moisés Ortiz, un atleta de siete pies y dos pulgadas, oriundo de Peravia, tierra de peloteros, no se dejó seducir por el camino que han recorrido tantas figuras del béisbol en la provincia.
En República Dominicana, cuando un joven muestra condiciones físicas sobresalientes, el veredicto suele ser automático: “ahí hay un buen pitcher”. Otros, más cautelosos, lo encaminan hacia el baloncesto. Sin embargo, Ortiz rompió con ese molde.
Desde temprana edad sintió un apego especial por el voleibol, impulsado por la admiración hacia su madre, Lourdes Valdez, exjugadora destacada en la década de los 2000.
A pesar de que familiares y amigos lo proyectaban como un “excelente pelotero”, su visión siempre estuvo en la red: rematar, bloquear y, algún día, vestir la camiseta de la selección nacional.
“Fue una decisión difícil, porque la mayoría esperaba que me fuera al play y destacara en la pelota. No me identifiqué con ese deporte y probé en otras áreas. Además, mi madre fue una gran jugadora y quise seguir ese legado”, expresó Ortiz.
Su primer contacto real con el voleibol llegó tras terminar la secundaria, en un momento de ocio que terminó marcando su destino. Una amiga cercana de su madre, Evelin García, lo invitó a “volear”. Bastó ese instante.
“Me enamoré desde la primera vez que toqué el balón. Recuerdo que, cuando entré al pabellón, ya medía siete pies y todos se quedaron mirándome como si hubieran visto un fantasma. Pero cuando hice mi primer saque, entendieron que había material para trabajar”, comentó entre risas el jugador de la NCAA, integrante del equipo de la Universidad de Park.
Gracias a su estatura, talento y al respaldo de la federación, junto al programa CRESO, el banilejo obtuvo una beca para estudiar en Estados Unidos, donde continúa su desarrollo deportivo.
La dificultad de ser gigante
Contrario a la creencia popular, Ortiz admite que su altura no siempre es una ventaja.
El jugador describe los retos cotidianos que enfrenta: desde abordar transporte público —como los corredores entre Baní y la capital— hasta utilizar el Metro o trasladarse en motocicletas.
“La gente no se imagina lo complicado que es vivir con este tamaño. Todo tengo que planificarlo: comprar ropa, viajar, moverme. Si tomo transporte público, muchas veces tengo que pagar dos asientos”, explicó.
Esa realidad no se limita al país. También se repite en vuelos comerciales, donde está prácticamente obligado a ocupar asientos de emergencia o de mayor categoría para poder viajar con cierta comodidad.
El reto de santo domingo 2026
Ahora, Ortiz se prepara para dar un paso importante en su carrera: su posible debut con la selección dominicana de mayores en un evento multideportivo.
El central sigue el mismo régimen de entrenamiento que sus compañeros, quienes actualmente realizan una base en Colombia.
“Ahora entiendo lo que dicen sobre sentir la presión. Estoy entusiasmado por representar al país y que mi familia me vea jugar. Sabemos que podemos seguir demostrando el nivel que hemos alcanzado en los últimos eventos”, aseguró.
La República Dominicana conquistó la medalla de plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2023. De cara a Santo Domingo 2026, el cuerpo técnico de la Federación Dominicana de Voleibol aspira, al menos, a repetir esa actuación… o superarla.

