
Resultados, gobernanza y legitimidad democrática
Por José Ignacio Paliza
Nota editorial: Este artículo forma parte de una serie basada en la traducción de mi participación, junto al profesor Michael Shifter, en el panel “Democracy and Governance” de la Escuela de Asuntos Públicos de la Universidad de Georgetown.
En la entrega anterior aludimos a la fatiga democrática en América Latina y a cómo la polarización ha debilitado la capacidad de los sistemas políticos para generar consensos y resultados. Por igual, referimos cómo -a partir de 2020- la República Dominicana ha gestionado una amplia mayoría política sin traducirla en concentración de poder, apostando por el fortalecimiento institucional como ancla de estabilidad y cómo ello comienza a reflejarse en indicadores de estabilidad política y percepción de corrupción. No obstante, la estabilidad institucional por sí sola no es suficiente.
La legitimidad democrática también depende de la capacidad de generar resultados concretos en la vida de las personas. En esta última entrega veremos cómo los resultados económicos y sociales han complementado el fortalecimiento institucional y qué lecciones ofrece la experiencia dominicana para las democracias en tiempos de incertidumbre.
La sostenibilidad de cualquier democracia depende de un equilibrio fundamental: instituciones sólidas y resultados concretos. El diseño institucional, por sí solo, no garantiza legitimidad. Tampoco lo hace el crecimiento económico en ausencia de reglas claras.
La estabilidad democrática requiere ambos elementos operando de manera simultánea. En los últimos años, la República Dominicana ha impulsado una estrategia de desarrollo orientada a combinar crecimiento con inclusión.
Desde el punto de vista de la inversión pública, entre 2020 y 2026 el país ha ejecutado más de 2,300 proyectos de infraestructura, con un enfoque territorial que ha privilegiado las regiones fuera de los principales centros urbanos. Más del 70% de estas inversiones se han realizado fuera de las áreas metropolitanas, en un esfuerzo deliberado por reducir desigualdades regionales.
Los resultados son significativos: se han creado más de 500,000 empleos desde 2019; la pobreza se ha reducido a niveles históricamente bajos, situándose cerca del 17%, lo que ha permitido que aproximadamente 1.5 millones de personas superen esta condición desde la pandemia; el desempleo se mantiene en torno al 5%, mientras que los salarios mínimos han experimentado aumentos sostenidos; la inversión extranjera directa ha superado los 5 mil millones de dólares, consolidando al país como un destino atractivo en la región; en materia de seguridad, a pesar de que una muerte es demasiado, la tasa de homicidios ha alcanzado mínimos históricos, situándose en alrededor de 8 por cada 100,000 habitantes.
Estos avances han sido acompañados por mejoras en indicadores institucionales, lo que refuerza una idea central: el crecimiento sin instituciones es frágil; las instituciones sin resultados son insuficientes.
Al mismo tiempo, gobernar implica tomar decisiones complejas. La pandemia, las presiones inflacionarias y las tensiones geopolíticas han exigido respuestas que no siempre son políticamente cómodas. Sin embargo, la responsabilidad pública exige priorizar la estabilidad de largo plazo sobre la popularidad inmediata. Esto plantea una pregunta clave para todas las democracias: ¿cómo mantener la conexión con la ciudadanía en contextos de incertidumbre?
Algunas respuestas emergen con claridad: transparencia en la gestión, presencia territorial efectiva, entrega de resultados concretos y respeto a las reglas institucionales. La experiencia dominicana no está exenta de desafíos. Persisten retos importantes en materia de informalidad, reforma educativa, eficiencia del sector público y seguridad ciudadana, pero también demuestra algo esencial: es posible gobernar con una mayoría amplia sin abusar de ella, impulsar el crecimiento ampliando la inclusión y promover reformas sin debilitar el equilibrio institucional. En tiempos de fatiga democrática estas no son condiciones menores. Son, más bien, referencias necesarias.
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El autor es presidente del Partido Revolucionario Moderno y ministro de la Presidencia.

