
Tres o cuatro años en diálisis pueden costar lo mismo o más que un trasplante renal
Cuando una persona comienza a recibir diálisis, generalmente lo hace porque sus riñones han perdido gran parte de su capacidad para limpiar la sangre y mantener el equilibrio del organismo. La diálisis, en ese momento, se convierte en un tratamiento que salva vidas.
Pero hay una realidad de la que debemos hablar: mantener durante años a un paciente en diálisis tiene un costo económico y humano enorme.
Gastos excesivos
Un paciente en hemodiálisis suele necesitar tratamiento varias veces por semana. Si calculamos tres sesiones semanales, estamos hablando de aproximadamente 156 sesiones al año y más de 600 sesiones en cuatro años. A esto debemos agregar medicamentos, análisis de laboratorio, estudios, consultas, hospitalizaciones, tratamiento de infecciones y otras complicaciones. También existen gastos que muchas veces no aparecen en las estadísticas: transporte, alimentación, días de trabajo perdidos y el tiempo que familiares deben dedicar al cuidado del paciente.
La importancia del trasplante
Por eso, después de tres o cuatro años, muchos pacientes ya han consumido en diálisis y cuidados relacionados una cantidad de recursos que podría ser comparable o incluso superior al costo de realizar un trasplante renal y atender su seguimiento inicial. Y aquí está la gran diferencia: la diálisis sustituye parcialmente algunas funciones del riñón, pero debe repetirse continuamente. El trasplante, cuando está indicado y funciona adecuadamente, ofrece al paciente la posibilidad de recuperar una vida mucho más cercana a la normalidad.
No se trata solamente de dinero
Reducir esta discusión a pesos y centavos sería un error.
Imagínese tener que acudir tres veces por semana a un centro de diálisis y permanecer allí durante horas. Hacerlo semana tras semana, mes tras mes y año tras año. El paciente debe adaptar su trabajo, sus viajes, sus actividades familiares y prácticamente toda su vida al tratamiento. Por eso, cuando hablamos de trasplante renal, hablamos también de calidad de vida, independencia y esperanza.
¿Por qué esperar tantos años?
No todos los pacientes en diálisis pueden recibir un trasplante. La edad por sí sola no decide, y cada persona debe ser estudiada cuidadosamente para determinar si puede someterse al procedimiento..
Tenemos que cambiar la manera de pensar. La diálisis seguirá siendo necesaria y continuará salvando miles de vidas. Diálisis y trasplante no son enemigos; son herramientas diferentes para tratar la enfermedad renal avanzada.
Acceso oportuno
Pero debemos preguntarnos si estamos haciendo suficiente para que los pacientes que pueden trasplantarse tengan acceso oportuno a esa posibilidad. Si durante tres o cuatro años podemos invertir enormes recursos para mantener a una persona en diálisis, también debemos fortalecer los programas de trasplante renal, facilitar la evaluación de donantes y receptores y fomentar una verdadera cultura de donación.
Volver a la vida
La diálisis mantiene al paciente con vida. El trasplante renal, cuando es posible, puede ofrecerle la oportunidad de recuperar gran parte de la vida que la enfermedad renal le quitó. El objetivo no debe ser solamente que nuestros pacientes sobrevivan. Debemos procurar que vuelvan a vivir.

