
El desencanto de una generación: luchamos por el PRD, construimos el PRM y hoy reclamamos que no se olviden de nosotros
Por el Mtro. Nelson Vargas
Escuchar a Yayo Lovatón referirse a su conocimiento y relación con David desde los años noventa, en respuesta a Chu Vásquez, donde este decía que David Collado no es dirigente del prm, esto me llevó a una reflexión profunda, de esas que nacen cuando uno mira hacia atrás y compara los sacrificios del pasado con las realidades del presente.
Me pregunté, con la sinceridad de quien ha dedicado una parte importante de su vida a la militancia política: ¿valió la pena luchar tanto por el viejo Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y, posteriormente, redoblar los esfuerzos para construir el Partido Revolucionario Moderno (PRM), si hoy muchos de los que hicimos esa historia seguimos esperando que se nos tome en cuenta?
No se trata de desconocer los méritos de nadie, ni de cuestionar el derecho de otros compañeros a ocupar posiciones públicas. Se trata de poner sobre la mesa una realidad dolorosa: muchos de los que entregamos nuestros mejores años a la lucha política, que asumimos riesgos, enfrentamos dificultades y mantuvimos viva la esperanza de alcanzar el poder, hoy contemplamos con desencanto cómo algunos funcionarios parecen haber olvidado el sacrificio de quienes abrieron el camino.
Nosotros pertenecemos a las generaciones políticas de los años setenta, ochenta y noventa. Nos formamos en las filas del viejo PRD, en tiempos en que la militancia no era una oportunidad para conseguir un empleo público ni una vía rápida para alcanzar posiciones, sino una expresión de convicción, ideales y compromiso con el país.
Fuimos parte de una historia de luchas, de reuniones, de jornadas interminables y de sacrificios personales. Compartimos una época en la que militar significaba creer en un proyecto, incluso cuando los resultados no llegaban y las dificultades parecían mayores que las posibilidades.
En aquella etapa, bajo el liderazgo y la influencia de dirigentes como Winston Arnaud, en la Juventud Revolucionaria Dominicana (JRD), así como de Rafael Ulises Castillo y Luis de Camps, o en la uasd estando Tony Raful, Henry Blanco, Héctor Peña Rijo, Glovis Reyes, Rafael Noboa, Sebastián del Pilar Doro palmero, Ramón Carrasco Fabio Ruiz, Fausto Ruiz, Leo adasme Diego Rivera, juan Pablo Uribe, Raúl Hamburgo, María Angomas, Ramón Emilio Jiménez, Rafael Castillo y otros más, donde muchos comenzamos a construir una identidad política que todavía hoy nos acompaña. Éramos militantes de un PRD que representaba para nosotros mucho más que una organización: era una causa a la que dedicábamos entusiasmo, tiempo y esperanza.
Cuando llegó el momento de construir el PRM, muchos de nosotros volvimos a asumir el reto. No nos quedamos contemplando desde lejos ni esperamos a que el proyecto estuviera en el poder para acercarnos. Participamos porque creíamos que era necesario renovar la política dominicana, abrir oportunidades y construir una organización en la que el mérito, la lealtad y la trayectoria tuvieran verdadero valor.
Por eso duele lo que estamos viviendo.
¿De qué sirvió tanto sacrificio?
Duele observar que algunos funcionarios de este Gobierno, que no necesariamente estuvieron en las luchas que hicieron posible el ascenso del PRM, hoy parecen tener más puertas abiertas que aquellos que trabajaron durante años para que ese momento llegara.
Duele percibir que, en determinados espacios, la amistad personal, los vínculos familiares, el compadrazgo o la cercanía con dirigentes de alto nivel parecen pesar más que la trayectoria partidaria, la capacidad profesional y los méritos acumulados.
No afirmamos que todos los funcionarios actúen de esa manera, porque sería injusto generalizar. Hay servidores públicos que honran sus responsabilidades y reconocen el valor de la militancia. Sin embargo, existe una preocupación legítima entre compañeros que sienten que sus años de entrega han quedado relegados al olvido.
Y la pregunta que surge es inevitable: ¿para qué se convoca a los jóvenes a luchar, a recorrer calles, a defender candidaturas, a participar en reuniones y a sostener una organización en los momentos difíciles, si cuando llega el poder algunos de ellos ni siquiera encuentran la oportunidad de ser escuchados?
La militancia no puede ser importante únicamente durante las campañas electorales. El compromiso de un partido con su gente debe demostrarse también cuando llega al Gobierno.
No pedimos privilegios. No reclamamos que se nos regale nada. No exigimos posiciones por encima de personas mejor preparadas. Lo que reclamamos es justicia, reconocimiento y oportunidades para quienes han demostrado capacidad, preparación, lealtad y disposición de servir.
Entre nosotros hay profesionales con formación, experiencia y vocación de servicio que todavía no han tenido la oportunidad de incorporarse a la Administración pública. Compañeros que pueden hacer aportes significativos al país y que, pese a sus credenciales, continúan esperando que alguien dentro de la dirección del partido les abra las puertas, los escuche y valore sus capacidades.
¿Acaso el PRM se construyó para que las oportunidades quedaran reservadas a los círculos más cercanos al poder? ¿Acaso la historia de nuestros sacrificios solo merece ser recordada cuando se necesita volver a las calles a buscar votos?
Estas preguntas no nacen del resentimiento. Nacen de la preocupación por el futuro de una organización que costó tanto construir.
Una generación que no ha renunciado a sus ideales
A pesar de todo, no hemos renunciado a nuestras convicciones.
Periódicamente nos reunimos compañeros de aquellas generaciones para recordar los años de lucha, compartir nuestras experiencias y renovar el compromiso con el PRM. Son encuentros cargados de historia, fraternidad y recuerdos, pero también de inquietudes sobre el rumbo de nuestra organización.
Recientemente, uno de esos encuentros tuvo lugar en San Pedro de Macorís, en una casa propiedad de Fabio Ruiz, un gran dirigente del PRM, quien ha sido parte de estos espacios de confraternidad. También hemos celebrado reuniones en San Cristóbal, San Juan, Baní y otros lugares del país.
En esos encuentros no nos mueve la ambición de destruir ni de debilitar a nuestro partido. Nos reúne el vínculo que nació en las antiguas jornadas del PRD y que se ha mantenido vivo durante la construcción del PRM.
Allí se encuentran hombres y mujeres que conocen el valor de la perseverancia política. Personas que han pasado por diferentes etapas de la vida nacional, que han visto cambiar gobiernos, liderazgos y circunstancias, pero que todavía conservan la esperanza de que la política pueda ser un instrumento de participación, dignidad y transformación.
Muchos de nosotros ya no somos aquellos jóvenes que recorrían las calles con la energía y la ilusión de los años setenta, ochenta y noventa. El tiempo ha pasado, pero no ha desaparecido nuestro deseo de contribuir.
Seguimos aquí. Tenemos experiencia, preparación, conocimiento de la organización y voluntad de servir. No queremos que nuestra historia termine convertida en una anécdota que solo se recuerda durante los actos partidarios.
Queremos que nuestra experiencia sea aprovechada y que las nuevas generaciones comprendan que las organizaciones políticas no se construyen únicamente con quienes llegan al final del camino, sino también con quienes lo abrieron cuando todavía parecía imposible alcanzar la meta.
Un llamado respetuoso, pero firme, a la dirección del PRM
Desde estas líneas hago un llamado a la dirección nacional del Partido Revolucionario Moderno, a sus principales autoridades y a los funcionarios que hoy tienen responsabilidades en el Estado.
No se olviden de los compañeros que lucharon cuando el poder todavía era una aspiración. No permitan que la lealtad histórica se convierta en una razón para sentirse abandonados.
Es tiempo de revisar los mecanismos mediante los cuales se identifican y se incorporan los recursos humanos de nuestra organización a las responsabilidades públicas. Es necesario escuchar a las bases, evaluar las hojas de vida, conocer las capacidades profesionales y abrir espacios reales para aquellos militantes que reúnen las condiciones para servir al país.
No pedimos que se desplace a nadie por el simple hecho de haber llegado después. Pedimos que no se excluya a nadie por no pertenecer al círculo de amistades, familiares o allegados de quienes toman las decisiones.
La administración pública necesita personas preparadas, honestas y comprometidas. Y dentro de nuestro partido hay hombres y mujeres que reúnen esas condiciones, pero que siguen esperando una oportunidad.
La dirección del PRM tiene la responsabilidad política y moral de atender esta situación. No basta con reconocer a los militantes históricos en discursos, fotografías o celebraciones. El reconocimiento verdadero se expresa escuchando, evaluando, integrando y ofreciendo oportunidades transparentes, conforme a las capacidades y a las necesidades del Estado.
A los compañeros de aquellas generaciones les digo que no debemos permitir que el desencanto nos robe la voz. Tenemos derecho a expresar nuestras preocupaciones, a exigir coherencia y a reclamar que el partido por el que luchamos mantenga vivos los principios que nos llevaron a defenderlo.
Y a quienes hoy ocupan posiciones de poder les recordamos que los cargos son temporales, pero la historia permanece. La grandeza de un dirigente no se mide solamente por las posiciones que alcanza, sino también por la capacidad que demuestra para reconocer a quienes contribuyeron a que esas posiciones fueran posibles.
Queremos al PRM fuerte, unido y sensible a su gente
Quiero dejar algo muy claro: no deseo que al PRM le vaya mal, ni quiero que pierda el poder. Todo lo contrario.
Mi aspiración es que el partido se fortalezca, que corrija sus errores, que escuche a su militancia y que pueda continuar gobernando con el respaldo de la mayoría de los dominicanos.
Porque es mejor estar arriba, con presión, con capacidad de reclamar y con la posibilidad de corregir, que estar abajo, con frustración, impotencia y la tristeza de ver cómo se alejan las oportunidades de servir.
Pero para permanecer arriba no basta con administrar el poder. Hay que saber honrar la historia, cuidar la unidad y comprender que la organización no puede vivir de espaldas a quienes la sostuvieron en sus momentos más difíciles.
La crítica que hacemos no es una declaración de guerra contra el PRM. Es una expresión de preocupación y de amor por una organización en la que todavía creemos, aunque algunas de sus prácticas nos hayan producido desencanto.
No queremos privilegios. Queremos oportunidades. No queremos que se nos regale un cargo. Queremos que se evalúen nuestros méritos. No queremos desplazar a nadie. Queremos que también se nos permita demostrar lo que somos capaces de hacer.
A la dirección del partido le pedimos que convoque, escuche y dialogue con estos compañeros que vienen de las generaciones del viejo PRD, de la JRD de aquellos años y de las luchas que precedieron al nacimiento del PRM. Que se conozcan sus inquietudes, sus capacidades y sus aspiraciones legítimas.
Todavía hay tiempo para rectificar. Todavía hay tiempo para demostrar que la lealtad no fue un sacrificio inútil. Todavía hay tiempo para construir un partido en el que la amistad no sustituya al mérito y en el que la cercanía con el poder no sea más importante que la capacidad de servir.
El PRM no debe olvidar de dónde viene, porque cuando un partido olvida a quienes lucharon para llevarlo al Gobierno, corre el riesgo de perder algo mucho más importante que una posición política: pierde la confianza de su propia gente.
Los que venimos de aquellas décadas no reclamamos que se nos devuelva el tiempo entregado. Ese tiempo ya forma parte de nuestra historia. Lo que pedimos es que se nos permita seguir escribiéndola, aportando nuestros conocimientos, nuestra experiencia y nuestra vocación de servicio a la República Dominicana.
Que este llamado llegue a la sensibilidad de la dirección del PRM. Que se escuche antes de que el desencanto se convierta en indiferencia. Y que quienes todavía creemos en este proyecto podamos comprobar, con hechos y no solamente con palabras, que valió la pena luchar.
Porque la lealtad merece respeto, la capacidad merece oportunidades y la historia de un partido merece ser honrada.
Mtro. Nelson Vargas

