Mucho Estado, poco país

Mucho Estado, poco país

Por Juan Carlos Guerra

La República Dominicana no necesita una reforma fiscal para cobrar más al ciudadano. Necesita una reforma para obligar al Gobierno a gastar menos, gastar mejor y dejar de vivir por encima de las posibilidades del pueblo.

El problema no es la falta de ingresos. Es el exceso de gasto improductivo.

Mientras a la gente se le encarece la vida con presión fiscal indirecta, el Estado sigue expandiendo su gasto corriente: nómina creciente, publicidad estatal millonaria, pensiones privilegiadas otorgadas por decreto y una estructura burocrática que cada año cuesta más y rinde menos.

En 2025, el Gobierno cerró con un déficit fiscal de 3.45% del PIB y una deuda pública de 47.9%, según el Ministerio de Hacienda. Al mismo tiempo, el gasto en remuneraciones supera los RD$370,000 millones, cerca de una cuarta parte del presupuesto. Esto revela una verdad incómoda: el Estado dominicano no está financiando una transformación nacional; está financiando su propio peso.

La publicidad estatal merece un capítulo propio. El presupuesto del Gobierno Central excede los RD$10,000 millones anuales en comunicación. Pero al incorporar entidades descentralizadas, organismos autónomos y el aparato financiero público, el gasto real puede escalar hasta RD$60,000 millones al año. No es información: es presencia política permanente financiada por el contribuyente.

Lo más preocupante es que, mientras este gasto crece, la inversión pública pierde peso. El gasto de capital ha caído de forma sostenida en términos reales desde 2020, apenas un 1.8% del PIB, reduciendo la capacidad del Estado para construir infraestructura y generar crecimiento.

A esto se suma un endeudamiento que no responde a una estrategia clara. Endeudarse para invertir es legítimo. Endeudarse para sostener gasto corriente es trasladar el costo del presente al futuro.

El gobierno derrocha, el ciudadano paga.

Por eso, la reforma fiscal debe comenzar al revés: reducir el gasto innecesario, depurar la nómina, eliminar privilegios, recortar propaganda y luego bajar impuestos.

La prosperidad no se construye con un Estado caro, sino con uno responsable.

El ajuste no puede comenzar en el bolsillo del ciudadano. Debe comenzar en el Gobierno. Solo así recuperaremos la confianza, atraeremos inversión, liberaremos crecimiento y construiremos un país donde cada peso público genere valor real para la sociedad dominicana. Ahí está la clave.

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