Solidaridad CON EL PUEBLO de Cuba

Solidaridad CON EL PUEBLO de Cuba

Por Nelson Marte

Ahora que algunos izquierdistas trasnochados del patio respirarán aliviados por las garantías ofrecidas por el presidente Donald Trump a su colega brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, de que Estados Unidos no atacará a Cuba -con lo que parecía amenazar- es oportuno precisar:

Es engañoso hablar de “Solidaridad con Cuba”, porque ese concepto incluye a quienes, encabezados por la dinastía de Fidel, su hermano Raúl y se dice que ahora entra al bate su nieto El Cangrejo Castro, llevan 67 años oprimiendo a su pueblo.

La realidad es que la revolución cubana empezó como un sueño para todos los pueblos del mundo, pero se convirtió y ha terminado siendo una pesadilla, con un alto porcentaje de su pueblo guarecido en otros países, incluido el nuestro donde los acogemos con la conocida solidaridad criolla, mientras muchos de los que subsisten allí lo hacen al borde de todo tipo de estrecheces y hasta en la inanición.

Hablar, pues, de “Solidaridad con Cuba”, sin deslindar a los opresores de los oprimidos, sólo se explica en aquellos que Maximiliano Gómez, El Moreno, caracterizó aquí como cultores del colonialismo ideológico, que “adaptaban de manera acrítica las ideas marxistas leninistas del movimiento revolucionario internacional sin tomar en cuenta las realidades y contextos específicos de nuestro país”.

Ese colonialismo ideológico tan deshilachado y desteñido es lo que lleva a algunos “revolucionarios” criollos a insistir en atribuir los fracasos de la “revolución” cubana al cerco imperialista, cuando -como vuelvo a citar a una cubana del pueblo en un reciente reportaje- es la cúpula cubana “la que no ha tenido capacidad para reinventarse”.

Los fracasos de Cuba y Fidel llevan a mirar al mariscal Tito, en Yugoeslavia, quien mantuvo a su pueblo altivo en medio de la guerra, bajo acechanza de Stalin, Mao, las potencias occidentales, en una nación dividida en etnias, y supo mantener a su país avanzando e incluso llegando a liderar el Movimiento de los Países No Alineados, ganando su liderazgo la admiración de todo el mundo.

Los fracasos del castrismo trascienden el cerco yanqui

Son muchos los fracasos propios del castrismo, como la “exportación” de la revolución a otros continentes, partiendo de la proclamación del Che en la Tricontinental de crear “uno, dos, tres, muchos vietnams”.

La zafra azucarera de los 10 millones de toneladas, meta tan absurda que convirtió en fracaso lo que fue una exitosa cosecha de 8 toneladas y media.

El Cordón de La Habana, un invento de Fidel a finales de los años sesenta, que buscaba crear un enorme cinturón agrícola alrededor de La Habana para abastecer de alimentos a la capital y reducir importaciones y que terminó en otro sonoro fracaso.

Hoy la población efectiva de Cuba, ya por debajo de 10 millones, tiene una diáspora que podría rondar entre 2.5 y 3 millones de personas, por lo que aproximadamente uno de cada cinco cubanos —o incluso más— estaría viviendo fuera del país que se le ofertó como un sueño de realizaciones en favor de la gente, y vive hoy mil precariedades, bajo una dictadura que cercena sus derechos y libertades mientras una cúpula cívico-militar se da vida de príncipes y reyes.

Y finalmente, pero no menos pesarosa, la aventura cubana con el narcotráfico internacional, que llevó a la revolución a devorar a algunos de sus hijos héroes, como Arnaldo Tomás Ochoa Sánchez, Tony de la Guardia y otros altos oficiales.

No es apropiado, pues, hablar de solidaridad con Cuba sin separar la paja del trigo.

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