EL PAÍS: Apostar por la guerra: el lado oscuro de los mercados de predicción

EL PAÍS: Apostar por la guerra: el lado oscuro de los mercados de predicción

Estas plataformas mueven miles de millones de dólares a costa de guerras y crisis políticas, acusaciones de fraude, amenazas de muerte y advertencias de riesgos para la salud y la seguridad

Por Elías Camhaji

“Desafortunadamente, el mundo entero se ha convertido en una especie de casino”. Así reaccionó Donald Trump después de que estallara el caso contra el sargento mayor Gannon Ken Van Dyke, un integrante de las fuerzas especiales de Estados Unidos que ganó más de 400,000 dólares en apuestas por internet relacionadas con la captura de Nicolás Maduro, una operación que él mismo ayudó a planear y ejecutar en Venezuela. Nunca antes se había visto algo parecido.

Por primera vez, un militar estadounidense se sienta en el banquillo de los acusados por hacer uso de información confidencial en los llamados mercados de predicción, un puñado de plataformas que se han convertido en un fenómeno mundial bajo la promesa de hacer millonarios a quienes sean capaces de predecir el futuro.

Acusaciones de fraude y transacciones ilegales. Denuncias de amenazas de muerte. Una lluvia de críticas desde la política, la academia y los medios de comunicación. Nada ha frenado a una industria que no para de crecer y que mueve miles de millones de dólares en torno a la especulación sobre guerras, eventos deportivos y la vida romántica de las celebridades. Se puede jugar sobre prácticamente cualquier cosa, a cualquier hora y en cualquier lugar. Y todos quieren una parte de las ganancias. ¿Hasta dónde llegará la última obsesión tecnológica de nuestro tiempo? Hagan sus apuestas.

El sargento Van Dyke tejió el plan sin que nadie se diera cuenta. Mientras el resto de sus compañeros se preparaba para una misión de alto riesgo en Caracas (Venezuela), el militar de 38 años vio una oportunidad de oro. Transfirió 35,000 dólares (unos 30,000 euros) de su cuenta bancaria a una billetera de criptomonedas y abrió un perfil en Polymarket, un sitio web que tiene cerca de 2.5 millones de usuarios y que ha estado en el centro de la polémica por las apuestas que permite en su plataforma. Para cuando se anunció la caída de Maduro el pasado 3 de enero, el militar ya había ganado diez veces más de lo que invirtió.

El principio es sencillo. Cuando uno entra a la web de Polymarket se encuentra con un montón de preguntas, conocidas como mercados: “¿Habrá una pandemia de hantavirus en 2026”, “¿Cuándo caerá el régimen cubano?” o “¿Jugará Neymar el Mundial de este año?”. Para participar, los usuarios pueden comprar acciones para el sí o el no que valen entre cero y un dólar. El precio se determina por la probabilidad de que estos eventos sucedan. Si muchos creen que Neymar estará con la selección brasileña, esas acciones valdrán más. Todo queda en manos de las leyes de la oferta y la demanda. Cuando hay un anuncio oficial o un consenso sobre el resultado, los ganadores cobran su dinero.

“Transforman una pregunta incierta en un precio, que todo mundo entiende como una probabilidad, y eso tiene mucho atractivo”, señala Santiago Carbó, catedrático de Cunef Universidad.

La receta del éxito de estos oráculos modernos es un cóctel que combina el auge de las apuestas online, los mercados financieros y las criptomonedas, explica el académico. Y también están presentes ciertos signos de los últimos tiempos: se mueve más dinero en los temas que son virales y hay usuarios que se apoyan en bots y la inteligencia artificial al invertir su dinero.

La idea de apostar sobre acontecimientos futuros se remonta al menos al siglo XVI, cuando los mercaderes italianos intentaban adivinar el resultado de los cónclaves papales. En tiempos modernos, la popularidad de estos sitios web se disparó durante las presidenciales de Estados Unidos en 2024, cuando un tribunal otorgó un permiso a Kalshi, uno de los gigantes del sector, para operar mercados de predicción sobre el resultado de las elecciones.

Trump se hizo eco de que la mayoría de los usuarios creía que iba a ganar, a pesar de que las encuestas pronosticaban una contienda cerrada. Y en cuestión de semanas se registraron tan solo en ese sitio web más de 535 millones de dólares en apuestas para determinar quién iba a gobernar el país más poderoso del mundo.

La nueva fiebre del oro

La consultora Bernstein estima que al cierre de este año los mercados de predicción alcanzarán un volumen de mercado de 240,000 millones de dólares, un incremento del 370% en comparación con 2025. Y pronostica que para 2030 superarán el umbral del billón de dólares, en una especie de nueva fiebre del oro. La industria funciona como un duopolio.

Kalshi y Polymarket concentraron el año pasado más del 97.5% del mercado mundial, según Metahub Research, y libran desde hace años una batalla palmo a palmo por dominar el negocio. Kalshi está supervisada por la agencia reguladora estadounidense de los mercados de futuros financieros (CFTC, por sus siglas en inglés) y opera en dólares. Polymarket se basa en criptomonedas y concentra la mayoría de sus operaciones fuera de Estados Unidos, lo que le ha permitido en muchos casos evitar el escrutinio de las autoridades de ese país.

El ascenso meteórico de los mercados de predicción ha dejado una estela de escándalos en todo el planeta. En Francia se abrió una investigación en abril pasado para determinar si los termómetros del aeropuerto Charles de Gaulle habían sido manipulados por usuarios que apostaron decenas de miles de dólares en Polymarket para adivinar cuáles serían las temperaturas máximas en París. En Noruega, el Instituto Nobel confirmó en febrero que la decisión de premiar a María Corina Machado se filtró antes del anuncio oficial y apuntó a un ciberataque como la causa más probable de que un grupo de usuarios de Polymarket obtuviera jugosas ganancias tras “adivinar” el resultado. La mayoría de los casos que han salido a la luz se engloban en lo que en inglés se conoce como insider trading, el uso ilegal de información privilegiada para obtener cuantiosos beneficios económicos.

En Israel, las controversias han ido más lejos. El periodista Emanuel Fabian denunció hace dos meses amenazas de muerte tras escribir una crónica sobre el impacto de un misil iraní en una comunidad cercana a Jerusalén.

Polymarket había abierto un mercado para apostar sobre un posible ataque de Irán en territorio israelí el pasado 10 de marzo. Había más de 14 millones de dólares en juego. Y un grupo enfurecido de usuarios que habían apostado a que eso no iba a ocurrir presionó a Fabian para que cambiara la información e incluso le ofrecieron a cambio parte de las ganancias, según escribió en el diario The Times of Israel.

Investigadores del Instituto para el Estudio de la Guerra, cuyos mapas han sido utilizados para determinar quién gana en ciertos mercados sobre la guerra en Ucrania, también han sufrido presiones y amenazas de apostadores que han perdido dinero. Un mes antes de la denuncia de Fabian, la justicia de Israel acusó a un reservista y un civil de hacer uso de información confidencial y entregar sobornos para apostar sobre la ofensiva de su país en la llamada guerra de los 12 días contra Irán, en junio pasado.

“Los mercados relacionados con la guerra son inherentemente más arriesgados”, comenta por videollamada A.J. Francia, el líder de Prediction Hunt, una comunidad digital que da consejos a los usuarios sobre qué plataforma usar y qué temas pagan mejor. El especialista explica que los intentos de manipulación de estos mercados son exponencialmente más graves porque, a diferencia del resto, “hay vidas en juego”.

“Los mercados de predicción se sitúan en la intersección de varios ámbitos éticos, y ahí radica precisamente la preocupación”, afirma Nizan Packin, académica de la City University de Nueva York, por correo electrónico. A mediados de abril, Packin alertó en un artículo publicado en la revista Science de que, además de entrañar riesgos para la democracia y la seguridad nacional, estos sitios web suponen también una amenaza para la salud pública.

En su opinión, no es una casualidad que los usuarios se enganchen. “Muchas plataformas comerciales operan cada vez más con mecanismos de interacción similares a los de los sitios de apuestas”, asegura la catedrática. Packin señala que estas páginas están diseñadas para “alentar la participación continua” e identifica señales de lo que en la ludopatía se conoce como “perseguir las pérdidas”, el intento desesperado de un apostador de recuperar lo que ha perdido apostando más dinero. También argumenta que tratar la guerra o las crisis humanitarias como un juego de azar “normaliza la especulación” en torno al sufrimiento y los daños contra otras personas.

Los mercados de predicción defienden que son una fuente de conocimiento colectivo y afirman que una especie de mano invisible regula los propios mercados y pondera los pronósticos para ofrecer un resultado confiable. “La cuestión más relevante no es cómo las plataformas se definen a sí mismas, sino cómo operan”, sostiene Packin. La especialista afirma que “cuando los sistemas están diseñados para maximizar la participación y las ganancias en vez de afinar los pronósticos”, la línea entre las predicciones y las apuestas se vuelve demasiado borrosa.

A.J. Francia conoce bien ambos mundos. Cuando estudiaba en la universidad, este científico de datos de 31 años pasaba los fines de semana contando cartas en las mesas de blackjack de los casinos en Nevada y lleva más de seis años utilizando estas plataformas. “Participar en un mercado de predicción se parece bastante a estar en un torneo de póker”, comenta. “Hay quienes viven de eso y juegan entre 60 y 70 horas a la semana, pero nadie los llama adictos al juego”, agrega. Su punto es que no todos los usuarios apuestan de forma impulsiva y que hay formas más metódicas y cuidadosas de acercarse a los mercados de predicción. “No le recomendaría a nadie tratar de vivir de esto”, matiza poco después. “Está bien como una forma de ganar algo de dinero extra o de divertirse”.

“No todos los mercados de predicción son lo mismo”, afirma Elisabeth Diana, jefa de comunicaciones de Kalshi, por videollamada. La portavoz defiende que, a diferencia de sus competidores, la compañía sigue al pie de la letra la regulación estadounidense, que le obliga a verificar la identidad de los usuarios y entregar informes a las autoridades sobre sus transacciones. La plataforma tiene una política que prohíbe los mercados “de muerte” o “de guerra”, aunque mantiene abiertos algunos relacionados indirectamente, como cuándo se concretará la paz en Oriente Próximo o la reapertura del estrecho de Ormuz.

“¿Podría pasar algo como lo de Maduro en Kalshi? Por supuesto, puede pasar en cualquier mercado financiero”, comenta. Diana reconoce que la expansión del sector entraña también una mayor posibilidad de que “más gente intente engañar al sistema”, pero matiza que existen las salvaguardias para evitar los abusos e insiste en que los riesgos no son diferentes a los de otros mercados de valores.

La portavoz también rechaza las comparaciones con los casinos y la industria del juego. Argumenta que, a diferencia de un casino, los usuarios no juegan contra la casa, sino contra otros usuarios. Kalshi, en este caso, se lleva una comisión por la compra de acciones en esos mercados y también se lleva una parte de las ganancias cuando las personas las cobran. Este diario también envió una solicitud de comentarios a Polymarket, pero no obtuvo respuesta antes de la publicación de este reportaje.

“Dinero fácil”

Casi un tercio de los miembros de la generación Z y un cuarto de los millenials en Estados Unidos utiliza o ha considerado usar estas plataformas, la inmensa mayoría con la esperanza de mejorar de golpe sus finanzas, según una encuesta de Northwestern Mutual. “Dinero fácil”, comentó un usuario en un foro de Polymarket sobre la caída del régimen iraní.

Hay, sin embargo, cada vez más evidencias de que la inmensa mayoría pierde y solo unos pocos ganan. Un estudio de cuatro escuelas de negocios de Francia y Canadá encontró que un 69% de las cuentas de Polymarket registran pérdidas. En cambio, el 0,1% de los perfiles concentra el 67% de las ganancias en la plataforma, según un análisis de The Wall Street Journal. Bloomberg llegó a una conclusión similar y encontró que las cuentas que ganan más están operadas por bots.

En Kalshi la historia es similar. Alrededor del 70% de sus perfiles no ha generado ganancias en los últimos seis meses, según datos que facilitó la compañía a este diario. El contraargumento de la empresa es que sus usuarios ganan más que quienes invierten en la Bolsa, las apuestas deportivas y los mercados de futuros. Diana asegura que los análisis publicados excluyen información de cuentas que no son públicas y suelen ser más redituables, alrededor del 20%. “Hay gente que mantiene sus perfiles en privado, en buena medida porque muchos ganan y no quieren revelar su estrategia”.

Con todo, la respuesta de varios países ha sido cerrar sus puertas. Hace dos semanas, Brasil bloqueó el acceso a 27 de estas plataformas. En febrero, Bélgica y Países Bajos suspendieron las operaciones de Polymarket en sus territorios por ofrecer servicios de apuestas ilegales. Más de una decena de gobiernos han adoptado medidas similares.

En Estados Unidos, el debate sobre cómo catalogar estas plataformas no es trivial. Hay una batalla entre los Estados, que regulan tradicionalmente la industria del juego, y el Gobierno federal, que fija la ley sobre los mercados de futuros. La CFTC, la agencia que acusó al sargento Van Dyke, se ha erigido al mismo tiempo como una de las principales interesadas en que la industria florezca. “Estos mercados proveen beneficios significativos a las personas, los negocios y la economía en general, y continuaremos garantizando su integridad y crecimiento”, escribió Michael S. Selig, el titular de la CFTC, en The Wall Street Journal.

Los intereses de la Casa Blanca parecen ir más allá de la regulación. Donald Trump Jr., el primogénito del presidente, es inversor y asesor, sin cobrar, de Polymarket, y también asesora a Kalshi. El hijo del presidente dirige la división de redes sociales del imperio empresarial de su familia. Los Trump llevan décadas en la industria del juego y el año pasado anunciaron su intención de crear su propio mercado de predicción, Truth Predict.

“Trump Jr. es un fanático de los mercados de predicción, del sector en general, y quiere verlo crecer”, comenta Diana, al preguntarle sobre un posible conflicto de interés. La portavoz de Kalshi afirma que el vástago del mandatario no está involucrado “de ninguna forma” en las políticas de la compañía ni en sus asuntos regulatorios. “Simplemente es un asesor sobre la estrategia de marketing”, agrega.

En el Congreso de EE UU se han presentado proyectos de ley para prohibir las apuestas sobre la guerra y el terrorismo, así como la participación de funcionarios en activo. “Las prohibiciones pueden atajar algunos riesgos inmediatos, pero son difíciles de sostener en un ambiente digital y transfronterizo”, advierte Packin. También señala que los intentos por impedir el uso de información confidencial y otros delitos solo resuelven parte del problema. “La UE y España deben partir de la prudencia, no prohibir por defecto toda innovación, pero tampoco dejarlos operar en un vacío regulatorio”, complementa Carbó.

“Los mercados de predicción llegaron para quedarse”, asevera A. J. Francia. Los números parecen darle la razón. Kalshi está valorada en 22.000 millones de dólares. Y en Polymarket —que ya vale más de 15.000 millones—, las apuestas sobre la guerra en Irán ya han superado los 2.000 millones de dólares, según la NBC. El pronóstico de los más optimistas es que la regulación pondrá fin al Salvaje Oeste en el que operan algunas de las plataformas más populares. Otros mantienen sus reservas. Mientras tanto, el sargento Van Dyke, que se enfrenta a 40 años de prisión, espera a conocer su suerte en los tribunales.

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