
Alina Abreu: 40 años de una vida en puntas, tutús y magisterio
El ballet ha sido su pasión y sobre ese control absoluto del cuerpo, que combina la técnica, precisión y movimiento estilizado, creó un imperio que cumple, este 2026, 40 años de sumisión, danza y pedagogía, y el cual celebrará desde el verano hasta diciembre.
Alina Abreu contaba con tan solo 13 años cuando decidió que iba a hacer con su vida. Una historia que ella decidió forjar en base a disciplina, estudios, dedicación y enseñanza. El ballet ha sido su pasión y sobre ese control absoluto del cuerpo, que combina la técnica, precisión y movimiento estilizado, creó un imperio que celebra, este 2026, 40 años de sumisión, danza y pedagogía.
El conteo comienza desde 1986, cuando un proyecto que, inicialmente, proponía entrar a estudiar al New York City Ballet, en la ciudad de Nueva York, y que por no tener físicamente los requisitos de estatura de 5.4 pulgadas, que exige para su ingreso de esta academia, Alina con un 5.2 de estatura, vio, solo por unos días, su sueño diluirse entre lágrimas y frustración.
Tal cual lo estuviera viviendo, aliviada y muy feliz, Alina recrea el momento y su cara vuelve a iluminarse al recordar cuando conoció de otras escuelas de enseñanza de ballet en Nueva York y, es así que audicionó en el Joffrey Ballet de New York y logra ingresar, especialmente, con las alumnas que recibían clases particulares y especiales, debido a su alta formación académica.
Llegar al Joffrey Ballet de Nueva York tomó su tiempo, Con 13 años Alina quería irse a estudiar fuera del país, y sus padres negociaron que terminara el bachillerato. Así lo hizo y en 1982 puso agua de por medio, en busca del aprendizaje.
“En septiembre de 1982 agarré maletas y zapatillas y me fui a Nueva York a audicionar en el New York City Ballet. No pude entrar, pasé dos días llorando, en ese momento yo no conocía la ciudad y comenzamos a investigar y ahí es donde aparece la posibilidad de hacer la audición con el Joffrey Ballet, el cual era dirigido por Gerald Alpino y Robert Joffrey”, recuerda Alina en entrevita con Listín Diario.
Siendo parte del programa especial de la academia estuvo allí cuatro años formándose, bailando y asistiendo como maestra. Durante ese tiempo Alina aceptó ser parte de un programa piloto que estaba desarrollando New York University con la intención de incluir la licenciatura en ballet.
“Entré a ese programa piloto, yo me pasaba la mayor parte del tiempo en el Joffrey y luego nos íbamos a la universidad y recibimos clases de anatomía, biología, kinesiología, pedagogía, entre otras materias complementarias.
En medio del desarrollo del proyecto Alina es seleccionada para ser parte de los posibles maestros para el Joffrey Ballet, y comienza como la asistente de la maestra Dorothy Lister.
“Parte de esa atención y todo ese aprendizaje descubrí que verdaderamente me apasionaba la enseñanza y amaba ser maestra, ahí comencé a preparar todo ese proyecto académico, en combinación como parte de la compañía de El Joffrey Ballet 2, en donde bailó, en dos temporadas diferentes, el ballet Romeo y Julieta”.
La celebración de los 40 años como bailarina y del Conservatorio de Danza Alina Abreu iniciará a mediados de este verano, con una diversidad de actividades que culminará en diciembre con un hermoso proyecto en el Teatro Nacional.
SU REGRESO A RD
Un día, aún viviendo en Nueva York, Alina despertó y el primer pensamiento que llegó a su mente esa mañana era que tenía que regresar al país. Era verano de 1986 y precisamente es desde ese año, cuando llega y asume la academia de su madre, que encontró con 30 alumnos, y antes de finalizar el año ya tenía una matrícula de 400 niñas y niños.
Freddy Beras Goico es quien le pone el nombre de Ballet Clásico Infantil, durante una presentación en el programa “El Gordo de la Semana”. Para el programa televisivo Alina montó un baile en el que ella demuestra sus habilidades como bailarina y otro para los niños.
También, durante la entrevista con Freddy Beras, cuenta toda su experiencia de estudios en Nueva York, por lo que luego su fama corre por todo el país. Hoy el Conservatorio de Danza Alina Abreu ha formado a más de 50 mil estudiantes.
Su incorporación al BND
¿Cómo te reciben en el Ballet Clásico Nacional? (Ballet Nacional Dominicano) Una pregunta obligada que lleva a Alina a desempolvar los recuerdos de sus amigas Patricia Ascuasiati, Mary Loise Ventura y Carmen Espinosa (Chachita) quienes siempre le apoyaron, con su solidaridad y entusiasmo de seguir adelante.
“Pues no fue de buen gusto para algunos compañeros”, responde y es que debido a la técnica clara, precisa y comunicativa que tenía Alina en el baile, siempre era elegida en los papeles principales y como era de esperarse siempre generaba críticas a lo interno.
Cuando ingresó al Ballet Clásico Nacional, Carmen Heredia dirigía la institución y también de parte de ella recibió todo el respaldo que necesitó. De sus amigas Mary Loise y Patricia lamentó el desenlace que tuvieron sus vidas, pues conoció de la buena y real amistad que siempre hubo entre ellas.
Como parte del BND Alina nunca esperó que luego, su madre, Magaly Rodríguez, también terminaría dirigiendo el Ballet lo que resultaba un poco contraproducente, y por eso le pidió a su madre guardar el secreto ante los profesores, así evitar comentarios malsanos y privilegios. Sin embargo, su talento traspasaba los afectos y lazos familiares, y Alina siempre terminaba entre las bailarinas seleccionadas con papeles principales.
En el Ballet Clásico Nacional Alina aprendió a romper esquemas y patrones del ballet clásico en donde se sentía como un pez en el agua. Siendo la bailarina principal del montaje “Extraños”, bajo la dirección de la maestra cubana Marta Bercy, se enfrenta a un repertorio un poco contemporáneo. Siendo extremadamente clásica para Alina fue un gran desafío el que tuvo que asumir junto a su compañero, el bailarín cubano Roberto Almaguer, quien era el principal del Ballet de Cuba, y llegó al país a protagonizar el montaje.
Alina lloraba de frustración porque no lograba dar con la coreografía y decidió pedir ayuda, el director de teatro Ramón Pareja era el “coaching” de la producción.
“Con Pareja lloré de angustia, desesperación, tristeza y de alegría porque todos los bloqueos emocionales fueron desapareciendo, y el día del estreno fue cuando verdaderamente lloré por la satisfacción del deber cumplido y a ver los aplausos del público”.
“Así se cumplió la resiliencia, la esperanza, la disciplina, todo se cumplió, luego asumí otro ballet con un corte muy cultural, Yemayá, una de las deidades cubana, y en ese montaje disfruté todo el proceso, las formas y las estructuras”.
Ese proceso de rompimiento que vivió Alina, ahora es muy palpable en sus producciones de ballet, cuando se exhiben en salas como en el Teatro Nacional o Bellas Artes, en donde todos los elementos se integran, obteniendo un resultado diferente.
Sus montajes tienen la cualidad de que no solo participan bailarines profesionales, sino que, dependiendo de los personajes, pueden ser interpretados por actores y actrices que tengan el lenguaje del ballet. “Los actores, muchas veces, pueden contar una historia más clara, porque son personajes que no bailan ballet, en ese momento, aún así deben tener ademanes del vocabulario del ballet”.
BALLET INTEGRAL
“Como productora y como bailarina cuando manejas todo de una forma integral, entonces, tienes un mejor resultado, y es que tenemos la parte de la dirección coreográfica, dirección de ensayos, dirección creativa, de producción, trabajamos la dirección de teatralidad, entonces cada uno de esos puntos cuando lo tomas individuales y los unes en el ballet, tiene un mejor producto”.
Si el producto final es valorado en su justa dimensión por los espectadores, eso no lo sabe, de lo que sí está segura es que el público sabe que vio y vivió algo diferente, aunque no sepas explicarlo.
Su aporte va mucho más allá de las aulas, Alina Abreu ha demostrado que el ballet tiene un lugar en la identidad cultural del país. Para ella, el verdadero impacto no está únicamente en quienes logran carreras profesionales, sino también en esos miles de niños y jóvenes que, a través de la danza, encuentran autoestima, disciplina y un motor de transformación personal.

