
Oposición a Los Haitises, Miranda y Romero son punto de inflexión: los dominicanos no quieren el modelo minero existente
Por Nelson Marte
No salgas, húndete más, presentido petróleo de mi patria,
Santo petróleo, sobre tu cabeza dejo este fresco detalle,
Por tu sonrisa cruzan los alimentos verdes. Juan Sánchez Lamouth
En 2009 el gobierno del presidente Leonel Fernández dio luz verde a la instalación y explotación de una fábrica de cemento en las estribaciones del Parque Nacional de Los Haitises, y trató de echar adelante el proyecto hasta que se vio obligado a darle marcha atrás.
Cometió Leonel el error de desoír la brava resistencia que pregonaba la calle, hasta que su gobierno judicializó el tema y terminó perdiéndolo ante del Tribunal Superior Administrativo.
Otro tanto ocurrió en el gobierno de Danilo Medina, que por mayores que fueran sus intentos de ignorar el rechazo popular a la explotación minera de Loma Miranda, tuvo que rendirse al cuestionamiento popular y en 2014 recibió un fallo de cierre de las operaciones mineras también por el Tribunal Superior Administrativo.
Ahora cuando aún el proyecto de explotación de la minera Goldquest en la zona de Romero -ubicado en el lado sur de la Cordillera Central, provincia San Juan- se encontraba en fase de conocimiento de factibilidad ambiental y económica, el presidente Luis Abinader decide escuchar la auditoría social y manda a detener cualquier tipo de actividad relacionada con la posibilidad de seguir adelante el proyecto.
Es un proyecto viejo
Como precisó el presidente Abinader no se trata de un proyecto nuevo. Fue iniciado en el gobierno de Fernández en 2005, que lo actualizó en 2010.
En los años 2015 y 2018 el gobierno de Danilo Medina renovó y autorizó estudios técnicos que permitieron definir el alcance del proyecto.
Los presidentes, hay que entenderlos, buscan “los cuartos” que necesitan gobiernos históricamente deficitarios.
¿Acaso el pueblo no sabe que los recursos de la minería son necesarios para el país? ¿Por qué rechaza tan cerrada y sistemáticamente los proyectos mineros, que han devenido en satanización a los ojos populares?
Los proyectos mineros, como los conocemos hasta ahora presentan:
1. Conflicto entre modelo económico y protección ambiental
La minería dominicana promete inversión, empleo y divisas, pero en un país como el nuestro, donde el turismo, el agua y la biodiversidad son activos estratégicos, muchos ven la minería como una amenaza directa a esos pilares.
Lugares como Parque Nacional Los Haitises, Loma Miranda o Romero no son terrenos “vacíos”: son símbolos ecológicos y fuentes de agua.
2. El agua como eje del conflicto
En los tres casos, el argumento más potente ha sido el riesgo a las fuentes hídricas. La minería metálica —especialmente la de oro— implica uso de químicos (como cianuro) y grandes volúmenes de agua. En un país con estrés hídrico creciente, la defensa del agua moviliza sectores muy diversos: comunidades rurales, iglesias, ambientalistas y hasta sectores urbanos.
3. Déficit histórico de confianza institucional
Hay una desconfianza arraigada hacia el Estado como regulador. Aunque existan permisos o estudios de impacto ambiental, una parte importante de la población duda de la capacidad de supervisión del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales o de la transparencia en las concesiones. Casos pasados, tanto locales como internacionales, alimentan la percepción de que los controles fallan.
Las grandes mineras, dueñas del capital y de las tecnologías requeridas para la explotación, y que saben hacer uso de su capacidad para manejar a funcionarios, legisladores y medios, se permiten licencias contractuales leoninas en la se da a países como la RD un trato propio de república bananera.
Existe la idea de que los beneficios de la minería (ganancias, exportaciones) no se distribuyen equitativamente, mientras que los costos (impacto ambiental, desplazamiento, riesgo) recaen en las comunidades locales, en el país, generando resistencia incluso en zonas con necesidades económicas y altos índices de pobreza, como ocurre en San Juan.
4. Danilo: Leonel hizo contrato infame con la Barrick
Esa percepción tomó cuerpo cuando al llegar al poder en 2012, el presidente Danilo Medina acusó a su antecesor Leonel Fernández de hacer un contrato “infame” con la empresa Barrick Gold, que recibe el 97% de los beneficios mientras a RD le da como de limosna apenas un 3%.
Algunos especialistas han estado planteando que con el aumento de los precios internacionales del oro el país debe tratar de renegociar las proporciones de ingresos del contrato.
La sociedad dominicana ha ido acumulando experiencia en conflictos socioambientales. Cada caso fortalece redes de activismo y genera aprendizajes: cómo movilizarse, cómo incidir en tribunales, cómo presionar políticamente. Lo de Loma Miranda, por ejemplo, se convirtió en una causa nacional.
5. Identidad territorial y simbolismo
Algunos espacios adquieren un valor que va más allá de lo económico. Loma Miranda fue asumida como “parque nacional moral” incluso antes de serlo legalmente. Los Haitises, por su riqueza natural, tienen una carga simbólica fuerte. Defender esos territorios se vuelve una cuestión de identidad, más cuando detrás del negocio que se intentó instalar allí el rumor público vinculó a un asociado político del presidente Fernández.
6. Rol de la opinión pública y la presión social
A diferencia de décadas pasadas, hoy hay mayor capacidad de articulación social (medios, redes, iglesias, academias). Esa presión influye directamente en decisiones políticas, como la reciente del presidente Abinader con el proyecto Romero.
No es que haya un rechazo absoluto a toda minería, sino una desconfianza profunda hacia proyectos que tocan recursos críticos (agua, áreas protegidas) y que no logran convencer a la población de que serán seguros y beneficiosos.
La resistencia dominicana es, en el fondo, una mezcla de defensa ambiental, desconfianza institucional y construcción de identidad territorial.
Esa desconfianza están larga que hace cerca de 100 años fue hermosamente sintetizada por el poeta popular Juan Sánchez Lamouth, cuando dio a conocer su poema “Canto al presentido petróleo de mi patria”, en el que pedía al petróleo hundirse para que no ser explotado sin que sus beneficios llegaran al pueblo.
La clase política, los dirigentes empresariales que desde los medios manejan la opinión pública deben recibir los rechazos al proyecto cementero de Los Haitises, a las explotaciones en Loma Miranda y ahora en las estribaciones Romero en San Juan como un punto de no retorno a su modelo minero y articular una nueva visión minera que sintonice con las expectativas medioambientales y aspiraciones de justo trato de negocios para el país a que aspira la mayoría.

